CAMINO AL CIELO de la mano de Juan Mayorga

La conciencia hace que nos descubramos, que nos denunciemos o nos acusemos a nosotros mismos, y a falta de testigos declara contra nosotros.

La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.

MONTAIGNE

Himmelweg significa «Camino al cielo» en alemán. En principio parece una imagen poética, lírica incluso. Te hace pensar en el misticismo y en el ansia de perfeccionamiento

Escena de Himmelweg

Escena de Himmelweg

espiritual, por ejemplo. Sin embargo en esta obra de Juan Mayorga significa terror, muerte e infierno, porque en ella himmelweg se refiere al modo en que los nazis denominaban la rampa que iba de los trenes en los que llegaban los judíos a Auschwitz, hasta la cámara de gas. El paradigma del cinismo y la crueldad a los que puede llegar el ser humano. Y nos sirve para contar la historia de un hombre bien intencionado, un delegado de la Cruz Roja, que no queriendo hacer mal a nadie (más bien lo contrario) se acaba dejando engañar por una escenificación bien tramada por parte de los nazis. Una escenificación que le muestra un trato tolerante e incluso amable con los judíos.

    Así pues, una vez más Juan Mayorga nos da una patada en la conciencia

Juan Mayorga

Juan Mayorga

mostrándonos aquello en lo que estamos permitiendo que el mundo se convierta, con un alto sentido ético que nos muestra también cómo podría ser si nuestra actitud fuera otra, tal como hemos podido ver en obras como Hamelin, El chico de la última fila, Últimas palabras de Copito de Nieve La paz perpetua. En palabras del mismo autor, Himmelweg «habla de un hombre que se parece a casi toda la gente que conozco: tiene una sincera voluntad de ayudar a los demás; quiere ser solidario; le espanta el dolor ajeno. Sin embargo, también como casi toda la gente que conozco, ese hombre no es lo bastante fuerte para desconfiar de lo que le dicen y le muestran. No es lo bastante fuerte para ver con sus propios ojos y nombrar con sus propias palabras. Se conforma con las imágenes que otros le dan. Y con las palabras que otros le dan.»

Cuando fui profesor en una escuela de secundaria, una de la frases que más me atemorizaron en boca de un alumno fue «Eso es verdad porque lo ha dicho la tele». Desde entonces pienso en lo que esperan nuestros gobernantes de la Educación: ¿pretenden que los ciudadanos del futuro sean como ese delegado de la Cruz Roja que nos presenta Mayorga? ¿Como ese hombre que por un lado tiene una sincera voluntad de ayudar a los demás, pero es incapaz de desconfiar de lo que le dicen y de lo que le muestran, porque en su etapa formativa no le han permitido desarrollar su espíritu crítico?

Y ahí vamos, creyendo, como ese delegado de la Cruz Roja, que vamos camino al cielo, que no hay campo de exterminio, sino comunidad judía bien tratada y moderadamente Marketing-de-guerrilla-No-a-la-pobreza-indiferenciafeliz. Que no hay guerras ya en África o en Asia porque ya no se habla de ellas. Que los objetivos del Milenio de la ONU para la erradicación del hambre, del trabajo infantil, del tráfico de personas, van por buen camino y se acabarán cumpliendo gracias a la buena voluntad de gobernantes y magnates financieros, deseosos de velar por ellos como aparenta velar también en Himmelweg el comandante del campo de concentración por los judíos.

    Para mí Mayorga es el sentido y el deber de la Ética hechos Teatro. Esa Ética que parece molestar tanto a nuestros gobernantes de hoy. Y uso a propósito el término gobernantes y no políticos, porque me parece más amplio y más acorde con la realidad. Pero tampoco les gustaban Montesquieu y Rousseau a nuestros gobernantes de ayer y aún así tuvo lugar la Revolución Francesa.

Ése es el tipo de Teatro que más me gusta. El que cumple con esa cita de Vittorio Gassman que puse en mi entrada anterior: «El teatro no se hace para cantar las cosas, se hace para cambiarlas.»  Mayorga es para mí, pues, como autor, un modelo a seguir.

Gracias Juan por escribir lo que escribes.

¿PARA QUÉ IR AL TEATRO?

 El Teatro no se hace para cantar las cosas, sino para cambiarlas.

                                                                                                                      Vittorio Gassman

 A finales de octubre tuve la suerte de asistir en Mataró a la obra Half en half (Mitad y mitad), de Daniel Keene, dramaturgo australiano muy premiado y representado en Europa pero muy poco aquí. La obra, representada en catalán bajo el título Meitat i meitat, estuvo magistralmente  interpretada por Pere Anglas y Xavier Alomà, e impecablemente dirigida por Moisés Maicas.

    En un momento dado la obra – que parece moverse en un registro naturalista que recuerda a David Mamet o incluso a «El verdadero Oeste» de Sam Shepard- da un giro inesperado y se adentra en un territorio surrealista, por decirlo de algún modo, que obliga al espectador a hacer un esfuerzo para asumir ese cambio de registro. A partir de ahí, división de opiniones: hubo espectadores que no pudieron asumir ese cambio tan brusco, que nos sacaba del realismo para adentrarnos en la metáfora y la poesía, y que por lo tanto no disfrutaron de la obra a partir de ese momento.  Y hubo otros que asumieron ese cambio, con más o menos esfuerzo, y disfrutaron de esa segunda parte. Por lo tanto, la misma obra provocó entusiasmos y rechazos absolutos.

Xavier Alomà i Pere Anglas a Meitat i Meitat

Xavier Alomà i Pere Anglas a Meitat i Meitat

    Es tan curioso como frecuente que un mismo  estímulo artístico -una película, una obra de teatro, un cuadro- provoque reacciones tan dispares. Para mí eso forma parte de la fascinación de la creación artística, porque nuestra reacción ante ella… ¡está tan sujeta a lo subjetivo, a lo emocional, a nuestra propia manera de ver el mundo y a nuestra propia manera de entender el arte! Dos personas pueden observar un cuadro de Pollock, por ejemplo; una de ellas puede ver un espíritu torturado, un grito contra el caos en el que nos sume nuestra forma de vivir la realidad (por ejemplo) y otro sólo puede ver una tomadura de pelo, un dibujo más propio de un niño de 2 ó 3 años que, como en «El traje del emperador», una élite ha decidido considerar arte innovador y todo el mundo debe verlo del mismo modo para no parecer inculto. En resumen: hay un espectador del cuadro dispuesto a ver en él una dimensión poética y metafórica,  y otro que no quiere o no puede entender registros creativos que se salgan de lo figurativo, porque fuera de esos límites la creación artística no consigue conectar con él (o él con la conexión artística, tanto monta, monta tanto).

Expresionismo Abstracto de Jackson Pollock

         A mi entender eso en el teatro se traduce en un espectador que busca en el espectáculo divertirse, sentirse identificado con lo que se cuenta y entretenerse (algo muy lícito, nadie lo duda); y en otro espectador que prefiere el desafío, que busca que le sorprendan haciendo que las premisas estéticas y/o morales y/o sociales -en resumen, vitales- en que se mueve sean cuestionadas y se tambaleen.

    En ese sentido me gustó mucho el fragmento del programa de mano de Meitat y meitat escrito por Jordi Malé – profesor de Filología Catalana de la Universidad de Lleida y miembro de la Cátedra Màrius Torres y del Aula Carles Riba- del que reproduciré la parte que me llevó a hacer estas reflexiones: «¿Para qué ir al Teatro? ¿Qué buscamos allí? Por un lado, los hay que buscan básicamente evadirse -porque la evasión también es necesaria-: apoltronados en la butaca, esperan que ante ellos se representen situaciones divertidas y sorprendentes en las que, sin esfuerzo, puedan reconocerse o imaginarse. Por otro lado, hay también los que buscan certidumbres: que lo que contemplan les reafirme en sus convicciones o -con un espíritu más abierto- que les cree unas nuevas. Pero los hay que acuden a las salas dispuestos a dejarse invadir por una realidad que resulte incierta e inaudita: no esperan que las situaciones representadas tengan que equivaler exactamente a fragmentos de experiencia conocida o concebible. Dispuestos a abandonar, por unos instantes, la red de exactitudes y convenciones que nos aprisiona -pero sin la cual no podríamos vivir el día a día-, y a afrontar en escena los hechos y las palabras que les puedan llevar más allá, a veces bordeando el absurdo, ese absurdo de significado tan y tan humano. Espectadores de este tipo son los que aprecian las obras en las que el lenguaje y las acciones tienen una carga de expresividad y de intensidad que sobrepasa las expectativas habituales.»

Half and Half, por Jute Theatre Company

Half and Half, por Jute Theatre Company

   Para mí ése es el tipo de receptor  que permite que las nuevas concepciones estéticas del arte vayan calando en la sociedad y vayan ampliando nuestros horizontes. El mismo receptor que en el Siglo XIX pudo asumir las propuestas impresionistas en los distintos Salons des Refusés que se organizaron cuando el arte oficial las rechazaba de pleno; el mismo que en el Siglo XX pudo asumir las propuestas teatrales de Godot, Ionesco, Arrabal, Pinter, Tadeusz Kantor…

Esperando a Godot, de Samuel Beckett

Esperando a Godot, de Samuel Beckett

  Mientras, los dramaturgos nos debatimos intentando ubicarnos en la amplia gama de tonalidades que va de un tipo de espectador al otro. Unos buscan crear únicamente lo que sea reconocible para el público, para que se pueda reafirmar y/o entretenerse. Otros, buscan únicamente agitar los cimientos de la realidad en la que se mueve el espectador. Otros, la gran mayoría, buscan encontrar un equilibrio -siempre precario- que les permita ser aceptados por ambos tipos de espectadores.

    Sea como sea, al final uno siempre tiene que mojarse y ubicarse, dentro de esa gama, en el lugar donde honestamente cree que debe estar para ser fiel a sí mismo.  Porque si no usamos el arte para expresar lo que somos, ¿entonces para qué?

ESCRIBIR PARA LOS NIÑOS DE EL SALVADOR

Las historias nos aprovisionan para la vida.                                                               Kenneth Burke

La ficción da forma a la vida.                                                                                                 Jean Anouilh

En la entrada anterior, recordando un artículo de LA VANGUARDIA escrito durante los bombardeos de Barcelona en plena Guerra Civil, concluía que escribir es una forma de comprometerse con la realidad y luchar de alguna manera por los niños de Europa  -«para que puedan seguir jugando en libertad», decía LA VANGUARDIA-. Hoy, en ese sentido, me referiré a los niños de El Salvador.

    Lo hago a raíz de un correo que recibí desde San Salvador. Sé que desde que este blog está en funcionamiento mucha gente de Hispanoamérica se ha interesado por mis obras infantiles EL CASERÓN DEL MIEDO y LA DECISIÓN DE VILLALIMPIA, las ha descargado e incluso las ha llevado a escena (sobre todo en Venezuela, México, Perú, Argentina y Chile). Me siento muy afortunado y complacido por ello, y sigo maravillándome de que internet permita que mis textos puedan llegar a tanta gente, y tan lejos. Pero esta carta desde El Salvador me ha hecho revivir el poder que puede llegar a tener el teatro a la hora de transmitir valores y potenciar la convivencia pacífica y el espíritu de colaboración entre los niños y los adolescentes.

   Y cuando ves a personas que comparten profundamente esa misma convicción e intentan ponerla en práctica con todo su empeño y su ilusión en entornos realmente duros, no me queda más remedio que quitarme el sombrero ante ellos por su fe en lo teatral, eso por un lado, y también me impulsa a mí a seguir creyendo en lo que hago, a pensar que escribir teatro es hacer algo útil para intentar mejorar tu entorno, es hacer tu aportación para intentar construir un mundo mejor.

Éstas son las cartas que me mandó Henry Martínez desde San Salvador, las muestro aquí después de haber obtenido su permiso para hacerlo, porque pienso que sus esfuerzos y los de tantas personas como él merecen ser conocidos y tener repercusión:

«He leido sus historia en internet y me han llamado mucho la atención sus obras, queria preguntarle si no es mucha molestia que me proporcionara algunas otras historias. Trabajo con niños y niñas de un área muy violenta de mi país y estamos promoviendo un proyecto sobre crear espacios culturales en esta zona de San Salvador.

 Es muy dificil trabajar en las escuelas públicas. Comento todo esto porque me gustaria que se sepa sobre este tema. La Realidad del Teatro en el Salvador  está entre la violencia y el hacinamiento. En el Salvador el Teatro es un tema nuevo al que sólo pocas élites tienen acceso, la mayoría de la población no tiene una cultura de lectura y por lo tanto desconoce muchas expresiones artísticas.
 
 Soy un joven de 26 años, trabajo en una fundación que promueve la cultura como alternativa a la prevención de la violencia en el municipio de Soyapango, al Oriente  de SoyapangoSan  Salvador con una población de casi un millón de personas en un territorio de no más de 45 km. Mi trabajo es directamente con escuelas públicas con alto riesgo de violencia de pandillas y en condiciones de hacimiento, a pesar de eso los niños y las niñas asisten a las clases pero se nota una total falta de conocimiento y déficit de atención, por estar ubicados en un lugar inadecuado donde realizar los talleres.
 
     Intentar hacer el mas mínimo ejercicio de imaginación o concentración es casi imposible, la improvisación prima en cada uno de los 4 grupos que atiendo, los cuales para complicar aún más la situación son de colonias rivales, esto quiere decir que no pueden entrar en la colonia de la otra escuela, ya que se exponen a ser víctimas de delincuencia e incluso podría costarles su vida.
   Escribo y doy a conocer esta situación con el objetivo que otras y otros artistas, especialmente de Europa, se den cuenta que hay grandes esfuerzos por promover la cultura en Centroamérica. Es quizás por ofrecer un primer acercamiento a esta temática que Ignasi me permitió publicar esta carta en su Blog.  Me gustaría compartir experiencias metodológicas, de conocimiento, que me permitan darles más calidad a estos niños y niñas, para que puedan ser el teatro y el arte instrumentos de liberación y de cambio.»
 
 Henry Martinez. El Salvador
correo electrónico  henrito198705@gmail.com
mckee
   Robert McKee, considerado por muchos el gurú y el gran maestro de los guionistas, comenta en su libro El guión que los seres humanos «día tras día buscamos una respuesta a la eterna pregunta que se planteó Aristóteles en su ÉTICA: ¿cómo debería dirigir un ser humano su vida?». Continúa McKee diciendo que la humanidad ha buscado la respuesta a esa pregunta en lo que a su juicio son las cuatro sabidurías, a saber: la filosofía, la ciencia, la religión y el arte. Y defiende que de ellas, la más arraigada actualmente en la gente es el arte de contar historias. «Nuestro deseo de historias refleja la profunda necesidad humana por comprender la pauta de la vida, no solamente como ejercicio intelectual, sino dentro de una experiencia muy personal y emotiva.»
Peter Brook
No es de extrañar por tanto, que personas como Henry Martínez busquen en el teatro un instrumento de liberación y de cambio para su entorno más inmediato. El trabajo teatral ofrece unas posibilidades inmensas para ello, y personas de peso que le han dedicado toda su vida con esa mentalidad, como Peter Brook, nos vienen a dar la razón. Brook en Hilos de tiempo (lo que podríamos considerar sus memorias), dice algo que confirma lo que nos dicen McKee o Anouilh: «El teatro no es un lugar sin más, ni simplemente una profesión. Es una metáfora. Ayuda a hacer más claro el proceso de la vida. (…) El teatro puede penetrar en el interior de las zonas más oscuras del terror y la desesperación por una sola razón: para ser capaz de afirmar, ni antes ni después, sino en ese mismo momento, que en la oscuridad está presente la luz.» 
Y ya sólo por ello, merece la pena seguir luchando por mantenerse en la brecha.

ESCRIBIR PARA LOS NIÑOS DE EUROPA

A veces hay un libro, una obra de teatro, una película, que te da ganas de ponerte a escribir porque, entre otras cosas, te hace sentir que la tarea de la escribir tiene un sentido y que el escritor tiene una responsabilidad hacia la sociedad. Esto es el que experimenté cuando fui a ver la obra BARCELONA, de Pere Riera.

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Cuando escribí EL BANDO ENEMIGO y LA ZANJA –podéis descargarlas aquí-,  sentí la necesidad de hacer mi aportación para mantener viva la memoria de unos acontecimientos, nuestra Guerra Civil y la posterior Posguerra, que muchos se emperraban en querer enterrar. Obras como ¡AY , CARMELA! y TERROR Y MISERIA EN EL PRIMERO FRANQUISMO (ambas de Sanchis Sinisterra) y ahora BARCELONA me ha hecho sentir muy acompañado.
BARCELONA explica el drama de los bombardeos que sufrió Barcelona en marzo de 1938, en plena Guerra Civil, a través de la mirada de una familia que sufre sus consecuencias. La voluntad del autor de hacer un homenaje a la memoria de tantos hombres, mujeres y niños que sufrieron aquellos bombardeos te demuestra la importancia que tiene querer mantener viva la memoria de nuestra Historia en un momento donde nuestros gobernantes nos muestran sin tapujos su deseo de no remover nuestro pasado. Y más, teniendo en cuenta que aquellos quienes lo han intentado han sido silenciados e incluso echados de nuestras fronteras, como es el caso del juez Baltasar Garzón. Pero todavía hay creadores que se mantienen tercamente alzados contra el silencio que se nos intenta imponer esgrimiendo el argumento de la “reconciliación nacional”, para no buscar culpables ni responsables entre los rebeldes que se levantaron contra un gobierno democráticamente constituido y nos sometieron a una dictadura de 40 años.

Pienso en Argentina, en Chile, en Guatemala… Países que han tenido el valor y la firmeza de llevar ante los tribunales sus dictadores.  En cambio aquí… sobran comentarios, sólo hay que mirar al nuestro alrededor. El Valle de los Caídos, sin ir más lejos, continúa siendo un lugar que a ojos del Estado hay que proteger. El Valle de los Caídos continúa siendo un lugar del que es muy difícil que los descendientes de los prisioneros republicanos esclavizados para su construcción, puedan retirar de este monumento al franquismo los despojos de sus seres queridos.

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En Buenos Aires hay una iniciativa para poner en las baldosas de la calle los nombres de los desaparecidos durante la dictadura. En Berlín esto ya se hizo con las víctimas del nazismo. ¿Y aquí? Me imagino la reacción indiferente (en el mejor de los casos) hacia una iniciativa parecida.
En el programa de mano de BARCELONA, que imita un facsímil de un ejemplar de La Vanguardia del 17 de marzo de 1938, Pere Riera dice que “esta obra es una acto de sentido reconocimiento a todos aquellos que vivieron y sonrieron cuando el cielo se llenó de buitres durante aquellos tres años de rabia”. Y añade más adelante: “Todos aquellos que nos hemos involucrado en este proyecto lo hemos hecho desde el respeto, la delicadeza y la sensibilidad precisa que se merece el recuerdo de miles de ciudadanos de este país que perdieron la vida injustamente.”
Muchos querrían que esta actitud desfalleciera, pero Pere Riera con BARCELONA nos dice a todos, y también a los que pretendemos decir algo mediante la escritura, que tenemos que permanecer tercamente alzados, como dice la canción de Lluis Llach. Porque los muertos tienen derecho a ser reconocidos como víctimas y a ser sacados de los cementerios comunes para ir a descansar allá donde a sus familias les parezca oportuno. Porque estas víctimas tienen el mismo derecho a ser reconocidas como lo están siendo los desaparecidos de Argentina y Chile y los indios masacrados de Guatemala. Y porque la Historia tiene tendencia a repetirse y por eso tenemos que estar todos atentos. Mirad si no lo que explica Pere Riera en el programa de mano de BARCELONA: “Cuanto más leía sobre este país en preguerra, más paralelismos podía hacer respecto de la situación política, social y económica que estamos viviendo ahora.” Al fin y al cabo, estamos ahora en una guerra donde las armas no son de fuego sino económicas y financieras, donde hay miedo, donde no son las bombas las que nos dejan sin casa sino los bancos.

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El programa de mano de la obra reproduce un artículo publicado a La Vanguardia el 17 de marzo de 1938 titulado “Yo peleo por los niños de Europa”. En él se pueden leer estas líneas, la vigencia de las cuales en la actual coyuntura pone los pelos de punta: “ Suponemos que a la Europa Democrática le duelen sus hijos tanto como a los hombres de la City sus dineros. Por muchas cosas combate España, pero entre otras porque los niños de Europa puedan seguir jugando. Es decir, luchamos por la subsistencia de los sentimientos cardinales. Para que los niños pervivan en una atmósfera elemental de humanidad.”

Gracias, pues, Pere, para mostrarnos que tiene sentido mantenernos tercamente alzados. Y gracias al Teatre Nacional de Catalunya por apostar por la puesta en escena esta maravilla teatral y de este monumento a nuestra memoria histórica.

RUTAS DE ALTO RIESGO en la Sala 104 de Atenas (II)

He tenido la suerte de poder asistir en Atenas a las funciones de mi monólogo RUTAS DE ALTO RIESGO del sábado 18 y del domingo 19 de mayo. Me ha resultado grato y rutas de alto riesgosorprendente ver cómo la versión del director, Mijalis Palilis, contaba lo que yo pretendía contar pero de una forma muy distinta a como yo había visualizado la situación al escribirla, y posteriormente al ponerla en escena con la actriz María Jesús Luque. Mijalis vacía la escena de todos los elementos que puedan recordar el piso desvencijado por las bombas en el que transcurre el monólogo de Berta, y crea un espacio abstraído de la realidad, donde la presencia y la palabra de Berta lo llenan todo. Un espacio en el que el diseño de iluminación de Sofía Aleksiadu brinda la esencia de la puesta en escena. La sala «Black box» del Teatro 104 en el que tienen lugar las representaciones le viene como anillo al dedo al montaje: son dos gradas alargadas a lado y lado de la sala, que brindan un escenario central en el que Berta se pasea y en el que se crea una proximidad con el público que permite el grado de complicidad que necesita la actriz para interpelar al espectador, convertido en un turista de alto standing que realiza un tour exclusivo por un país en guerra. Turista que viaja en un grupo del que Berta es la responsable y la guía.

Magnífica interpretación también de Soí Ksanzopulu, que también me ha ofrecido una Berta distinta a la que imaginé, con la misma fuerza y la misma humanidad, eso sí, que emana del texto. Y me comenta Soí que, función tras función, cada día se va enamorando un poco más de su personaje. (adjunto un link con una entrevista a la actriz, donde también se pueden ver unas pinceladas de la propuesta escénica: http://www.youtube.com/watch?v=L1YIveGzNZ8)

 Así pues, he tenido el privilegio de poder conocer ya a dos grandes Bertas desde que RUTAS DE ALTO RIESGO comenzó su andadura en este mundo del teatro. He tenido el privilegio de que cada uno de los profesionales que han intervenido me han ofrecido su punto de vista, han hecho su aportación. A mí, personalmente, eso me enriquece y me ayuda a descubrir mi propia creación bajo distintos prismas, y por lo tanto me hace conocerla mejor. Porque todo aquello que escribimos se nos escapa y acaba adquiriendo vida propia.

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Tras la función del domingo 19 hubo un coloquio con el público, y me sorprendieron los paralelismos que algunos espectadores establecían con la situación de crisis que está viviendo Grecia. Quizá porque, como afirman algunos, esta crisis en realidad es una guerra encubierta sin armas (sin armas de fuego, las armas en este caso son financieras y gubernamentales; las víctimas, como siempre, la población). Pero me conmovió el interés del público por la obra. Mijalis Palilis me comentó que el fin de semana del estreno (11 y 12 de mayo), al terminar la obra se le acercó un anciano que le dijo que él iba al teatro esperando encontrar una obra que al salir le hiciera sentir mejor persona que antes de entrar. Y que sin duda RUTAS DE ALTO RIESGO había conseguido eso de él. ¿Qué más le puede pedir un autor a un espectador?

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Gracias desde aquí a todo el equipo. Y en él incluyo también a Dimitris Psarrás, el traductor de la obra, que creyó en ella y que ha mantenido conmigo un estrecho contacto durante el proceso de creación. Y también a María Chatziemmanouil, traductora que trabaja estrechamente con Dimitris Psarrás, por creer junto con él en este texto. Y por el profundo interés que muestran ambos por el Teatro que se escribe a este lado de los Pirineos.

Me dicen que el montaje griego de RUTAS DE ALTO RIESGO vendrá en octubre a la Nau Ivanow de Barcelona. Lo espero ya con ansia.

Más imágenes de la obra en: http://www.youtube.com/watch?v=ivc8AFcIVT0

QUE DIOS NOS PILLE CONFESADOS

En mi obra LA APARICIÓN, la monja que presenta los Premios Episcopales de La aparicion. Ediciones irreverentesMaquetas Sacras pronuncia esta frase al referirse a la participación de los obispos Iberoamericanos en la próxima edición de estos premios. El texto es de 2011. Entrado ya el año 2013, esperemos realmente  que, con el nuevo Papa Francisco, «Dios pille confesados»  a los sectores de la Iglesia Católica menos sensibles al sufrimiento de los más desafortunados.

Creo que hoy ya quedan lejos los argumentos que hasta ahora se han usado para que el Vaticano no se comprometa activamente contra las desigualdades sociales cada vez más hondas que fomenta  el capitalismo salvaje en que vivimos. Durante siglos los sectores más poderosos de la Iglesia se han agarrado a frases como «A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César» o «Los últimos serán los primeros» para fomentar la resignación ante una realidad opresora, con la esperanza de obtener a cambio un justo premio del que se disfrutará en una vida no terrenal. No es de extrañar por lo tanto que los padres del Comunismo y el Socialismo bautizaran la religión como «El opio del pueblo» , y se identificara lo espiritual con lo religioso para derivar en un ateísmo a veces furibundo y tan fundamentalista con las creencias religiosas, como lo había sido la Iglesia con los ateos y todos aquellos a los que denominó «herejes».

Pero lo nuevo respecto al Papa Francisco es que esté dispuesto a acercar al poder del entrevíasVaticano a los más humildes y desesperados, no que se muestre dispuesto a acercar la Iglesia a ellos. Eso no es nuevo. Eso lo vienen haciendo muchos hombres y mujeres desde hace siglos, como Francisco de Asís, como Teresa de Calcuta, como Pere Casaldàliga en Brasil o como los sacerdotes de la Parroquia de San Carlos  Borromeo del barrio de Entrevías, en Madrid. Esa parroquia díscola a la Conferencia Episcopal que el Cardenal Rouco Varela pretende clausurar precisamente porque su compromiso con los marginados y los pobres inunda incluso la liturgia,  y que recibió el apoyo del propio Leonardo Boff -tan estigmatizado por la ortodoxia del poder eclesiástico por su Teología de la Liberación-.

Estoy satisfecho de haber tratado el tema de una iglesia alternativa, perseguida por el poder y cercana a los  pobres en LA APARICIÓN. Estoy satisfecho de haber tratado también en esa obra la Fe y las creencias o la falta de ellas. Y lo estoy más allá vaderetro1del resultado literario que haya podido obtener, porque pienso que éste es un terreno muy rico en el que el Teatro contemporáneo ha entrado poco -una vez más, mucho menos que el cine-, salvo excepciones como el Mahabharata de Peter Brook, más tangencialmente La duda de John Patrick Shanley, Agnus Dei de John Pielmeier o, si nos remontamos más atrás, Las brujas de Salem de Arthur Miller o Beckett o el honor de Dios, de Jean Anouilh.  También hay que decir que aquí hemos tenido el Vade Retro de Fermín Cabal y el Teledeum de Els Joglars.

 ¿Por qué no seguir hurgando en estos temas en el Siglo XXI? La mayoría de los seres humanos creen en alguna forma de divinidad; muchos seres humanos sienten teledeuminquietudes espirituales; en muchas personas existe una lucha entre la espiritualidad que conduce a algún tipo de Fe y la racionalidad que lleva a lo estrictamente empírico y demostrable. ¿Acaso no son conflictos universales e individuales dignos de ser tratados? También pienso en la película La misión, de Ronald Joffé, que trata entre otras cosas sobre el posicionamiento del Vaticano en el Siglo XVIII a favor del poder para aplastar -con argumentos aparentemente justificados- un movimiento misionero que acercaba la Iglesia a los más humildes. O en la película Las sandalias del pescador, de Michael Anderson, que presenta a un Papa como se espera que sea el actual Papa Francisco. También son temas candentes que generan corrientes de opinión, reacciones enconadas, dudas…  Y allí donde haya dudas e interrogantes, debe hacer siempre acto de presencia el Teatro.

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En mi anterior entrada del 9 de marzo os decía que iba a escribir algo relacionado con la situación socioeconómica actual. No he escrito nada, la verdad. Pero he hecho esto con una canción de Amaral, espero que al menos no os deje indiferentes:

http://www.youtube.com/watch?v=M-cu4S1UISc

LOS VIEJOS MÁS JÓVENES Y EL CAPITAL

        Se nos ha ido Stéphane Hessel, que era una de las muestras de que se puede envejecer con espíritu joven, luchador, reivindicativo. Con Dignidad. Se nos ha ido stephane_hesselun hombre que nos recordaba el origen de esta Europa de los derechos que desde los distintos ámbitos del poder nos están desmantelando. Porque Hessel nos anclaba a esos europeos que, con muy pocos recursos y con su amor a la Libertad como arma más poderosa, lucharon desde la resistencia contra una opresión, la del nazismo, que parecía que nunca iba a tener fin (¿Dónde están hoy los miembros de la resistencia que luchan contra el despotismo financiero que nos ahoga?) . Hessel nos recordaba también que existe una Declaración Universal de los Derechos Humanos que, entre otras cosas, afirma (¿o tal como está el panorama ya hay que hablar en pasado y decir «afirmaba»?) que todo el mundo tiene derecho a un trabajo y a una vivienda digna (que se lo cuenten a los 5.040.222 parados que hay en España al cierre del mes de febrero; y a los 216.418 desahucios que ha habido desde enero de 2008 -49.072 correspondientes a viviendas familiares-). En «¡Indignaos!» –publicado por Destino-, dice: “el poder del dinero nunca había sido tan banqueros2grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos, y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general”.  Si logramos que su ejemplo y sus palabras nos sigan inspirando, Hessel se nos habrá ido pero no lo habremos perdido.

             Nosotros tuvimos a nuestro Francisco Ayala que también se indignó hasta sus últimos momentos al ver el daño que nos causaba la voracidad del mundo financiero, como en esa recopilación de artículos publicada por El País Aguilar en 1996, En qué mundo vivimos, donde hay un artículo de 1984 con título muy sugerente y premonitorio,  Elogio de la avaricia, del que muestro un fragmento: «¿Qué decir entonces de los avaros que, según exige la índole de la economía actual, se ven reducidos a barajar en su calculadora de bolsillo las cifras de su cuenta bancaria? Ellos rinden culto, no ya al dios incógnito y remoto cuya faz no puede vislumbrarse, sino a un dios desconocido, que quizá ni siquiera existe, o que en todo caso puede volatilizarse de la noche a la mañana. Sacrificar a este dios requiere poderosísima fe y una abnegación admirable.»  (EL PAÍS, 13 de agosto de 1984)

Y afortunadamente seguimos teniendo con nosotros a José Luis Sampedro, que aJosé Luis Sampedro sus 96 años nos sigue mostrando que es falsa esa premisa que dice «ser joven y ser de derechas es no tener corazón; ser viejo y ser de izquierdas es no tener cabeza». Porque una premisa así llama a sumirse en el conformismo y la autocomplacencia precisamente a aquellos que, por su experiencia y por la posición que han adquirido a lo largo de los años en sus actividades profesionales, pueden hacer más que los jóvenes, que sólo pueden usar como armas su impulsividad y su indignación. No en vano Sampedro escribió precisamente el prólogo de la edición española del ¡Indignaos! de Stéphane Hessel. Y ahí va un fragmento muy elocuente: «Actualmente en Europa y fuera de ella, los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado ya el bache y prosiguen su vida como siempre sin grandes pérdidas. En cambio, sus víctimas no han recuperado el trabajo ni su nivel de ingresos. (…) Los financieros apenas han soportado las consecuencias de sus desafueros. Es decir, el dinero y sus dueños tienen más poder que los gobiernos.»

el capitalLuego está Costa-Gavras, ese director de raíces griegas y de espíritu crítico incombustible. El autor de Desaparecido y La caja de música, a sus 80 años, nos confirma con su película EL CAPITAL que los únicos que se han beneficiado de esta crisis son los bancos y entidades financieras.  En EL CAPITAL nos muestra a un «sicario del dinero» que nos acompaña en un viaje por las cloacas del mundo financiero y que afirma sin pudor que los bancos juegan con tu dinero hasta que se lo quedan. Y se erige públicamente en un moderno Robin Hood , robando a los pobres para dárselo a los ricos (por cierto, gracias Maribel Verdú por tus -injustamente denostadas- palabras al recibir el Goya citando esta frase de la película).

Podéis leer estas líneas pensando que todos esos Maestros de la palabra y de la vida sólo son (o sólo fueron) ancianos que chochean y ven teorías de la conspiración por todas partes.  Que todo el mundo ha salido igual de perjudicado en esta crisis. Pero yo, que a lo mejor chocheo igual que ellos, veo que han desaparecido las cajas de banqueros1ahorros y los bancos pequeños para concentrarse todo en unos pocos bancos. Veo que se ha salvado a esos bancos con dinero público de nuestros impuestos, y que son precisamente esos bancos los que ejecutan desahucios. Veo a los Estados recortar en servicios públicos básicos para pagar sus deudas. ¿Y a quiénes deben sino a los grandes bancos? Veo a los Estados intentar tener liquidez sacando a subasta bonos, letras y obligaciones, que a veces tienen que colocar a un interés muy alto porque empresas de calificación de dudosa neutralidad hacen que su prima de riesgo sea muy elevada. ¿Y quién compra esa deuda, además de los particulares? Los bancos y los grupos financieros que emiten fondos de inversión y otros productos parecidos.

desahucio2Permitidme aportar un dato sacado de FINANCIALRED el 2 de enero de 2013, que habla de los desahucios y a mi juicio ejemplifica lo que digo: «En España, la banca ha recibido más de 50.000 millones sin que se haya producido un frenazo en las ejecuciones. Entre las nacionalizadas figura Bankia, la tercera mayor entidad del país, que ostenta el dudoso honor de ejecutar más del 80% de los desahucios que se producen en Madrid «.

Mi pequeña aportación a la denuncia de esta situación -que ahora me parece muy, muy insuficiente- es mi obra de Teatro ¡Tengo trabajo! y mis cuentos La sucursal de Narukiki y El meador justiciero, que podréis encontrar respectivamente en las secciones «Textos en Español» y «El cuento del mes».  ¡Tengo trabajo! es una recopilación de escenas sobre el mundo laboral, en esta obra podréis encontrar, entra otras cosas, a un actor famoso que a causa de la crisis tiene que conformarse con trabajar en el Museo de cera haciéndose pasar por un muñeco y asustando a los visitantes; o a dos oficinistas que descubren que les han puesto una cámara de videovigilancia y especulan con un inminente despido. En La sucursal de Narukiki encontramos a una honrada empleada de banca que denuncia ante sus superiores movimientos de blanqueo de dinero y que como «premio» es enviada a una lejana sucursal en una isla desierta por el presidente de la entidad, el señor Roque Feler. Y en El meador justiciero encontraréis a un joven harto de vivir continuamente en precariedad laboral, que descubre que su orina tiene poderes altamente corrosivos, los usa para sabotear a unos políticos indiferentes a los problemas de la gente corriente y acaba siendo un héroe del Pueblo.

No van a ser mis únicos textos sobre este tema, prometo más en los próximos meses -no es que consiga cambiar nada con ellos, pero si no saco mi indignación, reviento-. Mientras, me hago una reflexión que me motiva para seguir dándoles forma: Si dejamos que los políticos y los banqueros pongan su granito de arena, harán de este mundo un gran desierto.