ESCRIBIR PARA LOS NIÑOS DE EUROPA

A veces hay un libro, una obra de teatro, una película, que te da ganas de ponerte a escribir porque, entre otras cosas, te hace sentir que la tarea de la escribir tiene un sentido y que el escritor tiene una responsabilidad hacia la sociedad. Esto es el que experimenté cuando fui a ver la obra BARCELONA, de Pere Riera.

Barcelona_Pere-Riera

Cuando escribí EL BANDO ENEMIGO y LA ZANJA –podéis descargarlas aquí-,  sentí la necesidad de hacer mi aportación para mantener viva la memoria de unos acontecimientos, nuestra Guerra Civil y la posterior Posguerra, que muchos se emperraban en querer enterrar. Obras como ¡AY , CARMELA! y TERROR Y MISERIA EN EL PRIMERO FRANQUISMO (ambas de Sanchis Sinisterra) y ahora BARCELONA me ha hecho sentir muy acompañado.
BARCELONA explica el drama de los bombardeos que sufrió Barcelona en marzo de 1938, en plena Guerra Civil, a través de la mirada de una familia que sufre sus consecuencias. La voluntad del autor de hacer un homenaje a la memoria de tantos hombres, mujeres y niños que sufrieron aquellos bombardeos te demuestra la importancia que tiene querer mantener viva la memoria de nuestra Historia en un momento donde nuestros gobernantes nos muestran sin tapujos su deseo de no remover nuestro pasado. Y más, teniendo en cuenta que aquellos quienes lo han intentado han sido silenciados e incluso echados de nuestras fronteras, como es el caso del juez Baltasar Garzón. Pero todavía hay creadores que se mantienen tercamente alzados contra el silencio que se nos intenta imponer esgrimiendo el argumento de la “reconciliación nacional”, para no buscar culpables ni responsables entre los rebeldes que se levantaron contra un gobierno democráticamente constituido y nos sometieron a una dictadura de 40 años.

Pienso en Argentina, en Chile, en Guatemala… Países que han tenido el valor y la firmeza de llevar ante los tribunales sus dictadores.  En cambio aquí… sobran comentarios, sólo hay que mirar al nuestro alrededor. El Valle de los Caídos, sin ir más lejos, continúa siendo un lugar que a ojos del Estado hay que proteger. El Valle de los Caídos continúa siendo un lugar del que es muy difícil que los descendientes de los prisioneros republicanos esclavizados para su construcción, puedan retirar de este monumento al franquismo los despojos de sus seres queridos.

videla
En Buenos Aires hay una iniciativa para poner en las baldosas de la calle los nombres de los desaparecidos durante la dictadura. En Berlín esto ya se hizo con las víctimas del nazismo. ¿Y aquí? Me imagino la reacción indiferente (en el mejor de los casos) hacia una iniciativa parecida.
En el programa de mano de BARCELONA, que imita un facsímil de un ejemplar de La Vanguardia del 17 de marzo de 1938, Pere Riera dice que “esta obra es una acto de sentido reconocimiento a todos aquellos que vivieron y sonrieron cuando el cielo se llenó de buitres durante aquellos tres años de rabia”. Y añade más adelante: “Todos aquellos que nos hemos involucrado en este proyecto lo hemos hecho desde el respeto, la delicadeza y la sensibilidad precisa que se merece el recuerdo de miles de ciudadanos de este país que perdieron la vida injustamente.”
Muchos querrían que esta actitud desfalleciera, pero Pere Riera con BARCELONA nos dice a todos, y también a los que pretendemos decir algo mediante la escritura, que tenemos que permanecer tercamente alzados, como dice la canción de Lluis Llach. Porque los muertos tienen derecho a ser reconocidos como víctimas y a ser sacados de los cementerios comunes para ir a descansar allá donde a sus familias les parezca oportuno. Porque estas víctimas tienen el mismo derecho a ser reconocidas como lo están siendo los desaparecidos de Argentina y Chile y los indios masacrados de Guatemala. Y porque la Historia tiene tendencia a repetirse y por eso tenemos que estar todos atentos. Mirad si no lo que explica Pere Riera en el programa de mano de BARCELONA: “Cuanto más leía sobre este país en preguerra, más paralelismos podía hacer respecto de la situación política, social y económica que estamos viviendo ahora.” Al fin y al cabo, estamos ahora en una guerra donde las armas no son de fuego sino económicas y financieras, donde hay miedo, donde no son las bombas las que nos dejan sin casa sino los bancos.

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El programa de mano de la obra reproduce un artículo publicado a La Vanguardia el 17 de marzo de 1938 titulado “Yo peleo por los niños de Europa”. En él se pueden leer estas líneas, la vigencia de las cuales en la actual coyuntura pone los pelos de punta: “ Suponemos que a la Europa Democrática le duelen sus hijos tanto como a los hombres de la City sus dineros. Por muchas cosas combate España, pero entre otras porque los niños de Europa puedan seguir jugando. Es decir, luchamos por la subsistencia de los sentimientos cardinales. Para que los niños pervivan en una atmósfera elemental de humanidad.”

Gracias, pues, Pere, para mostrarnos que tiene sentido mantenernos tercamente alzados. Y gracias al Teatre Nacional de Catalunya por apostar por la puesta en escena esta maravilla teatral y de este monumento a nuestra memoria histórica.

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