DERECHO DE NACIMIENTO: ISRAEL CONTRA PALESTINA

Una de las cosas que aprendimos bajo la dictadura de Franco, es que ser anti-franquista no significaba ser anti-patriota ni anti-español, como pretendían hacernos creer los afines al régimen. Por eso nos resulta tan fácil a los españoles reírnos en la cara de los que nos acusan de ser anti-semitas o anti-judíos, cuando acusamos al estado de Israel de genocidio y de apartheid.

El último libro que he leído va en esa línea. Se titula DERECHO DE NACIMIENTO y está escrito por una argentina que, por el hecho de tener un antepasado judío, pudo acceder a un programa gratuito para gente joven, consistente en visitar Israel. Aparentemente el motivo de ese viaje es reconectar a esos jóvenes no nacidos en Israel con sus raíces judías y conocer de cerca todo lo que hace el estado de Israel para mantener vivas esas raíces identitarias. Sin embargo esa intención lleva asociada una justificación de las políticas de apartheid y de violación de los derechos humanos que se aplican a los palestinos, pero también a Siria y al Líbano.

«Debemos encontrar el coraje de reunir a nuestro pueblo y su fuerza para avanzar en el camino que llevará a este pueblo de su espacio actual y restringido a nuevas tierras y suelos, y, por lo tanto, también liberarlo del peligro de desaparecer de la tierra, o de servir a otros como una nación esclava.» Pensando en lo que está haciendo ahora el estado de Israel en Gaza, en Cisjordania, en Líbano y lo que hizo con los Altos del Golán sirios, uno podría pensar que esta frase está extraída de un discurso de Benjamin Netanyahu o de Itamar Ben Gvir, el actual ministro de Seguridad Nacional de Israel. Pero no. Es un fragmento de “Mein Kampf”, de Adolf Hitler. Y sí, se podría atribuir fácilmente a los dos mencionados anteriormente, o a sus compañeros en el gobierno.

Pero está claro que si Netanyahu y su gobierno no hubiesen encontrado un caldo de cultivo adecuado en el pueblo israelí, no podrían mantener esta política de genocidio, apartheid, y violencia y discriminación sostenidas sobre los palestinos; del mismo modo que Hitler y el nacionalsocialismo no habrían podido llevar a cabo un apartheid, un genocidio, y una violencia y una discriminación sostenidas -ya no solo contra los judíos, sino contra cualquier opositor- sin el apoyo de gran parte de la población alemana.

Ahí van algunas de las causas que explican (pero que no justifican) ese caldo de cultivo en el que se ampara Netanyahu y que, en gran parte, sostiene al sionismo en Israel:

EL VICTIMISMO COMPETITIVO Y EL DERECHO DE AGRESIÓN: En estudios de psicología social de conflictos, se observa que los grupos con un fuerte sentido de victimismo colectivo a veces desarrollan la creencia de que sus sufrimientos pasados les otorgan una especie de «inmunidad moral» o el derecho a actuar de manera hostil sin ser juzgados con la misma severidad. Existe la percepción de que cualquier acción agresiva actual está justificada por las injusticias sufridas en el pasado. En el caso del Israel sionista, ese victimismo colectivo procede de las persecuciones y progromos que sufrieron los judíos desde la Edad Media en Europa, que culminaron en la Shoa durante el dominio nazi. En el caso de la Alemania nazi, ese victimismo procedía de las condiciones humillantes de la Paz de Versalles tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial.

-TRANSMISIÓN INTERGENERACIONAL DEL TRAUMA (O TRAMA HISTÓRICO): Cuando un pueblo sufre un trauma masivo (como un genocidio, una colonización violenta o una guerra), el dolor, el miedo y el resentimiento no desaparecen con el fin del conflicto. Si este trauma no se procesa ni se repara adecuadamente (eso NO significa olvidarlo ni minimizarlo), se transmite a las siguientes generaciones. Esto puede generar una psicología de asedio permanente, donde el grupo percibe que el mundo exterior siempre es una amenaza latente, justificando la agresión proactiva como una forma de «defensa propia». Y eso es lo que el sionismo ha logrado implantar en la mente de los israelíes para justificar sus políticas de discriminación y apartheid, que han desembocado en el actual genocidio.

EL CICLO DE LA VIOLENCIA: Es un término sociológico que describe cómo la violencia genera más violencia. Un grupo que ha sido deshumanizado (como les sucedió a los judíos durante la Shoa), a menudo aprende que las relaciones humanas y geopolíticas se rigen exclusivamente por la ley del más fuerte. Al cambiar las dinámicas de poder, aplican el mismo marco de dominación que sufrieron, al no haber conocido o desarrollado mecanismos de resolución de conflictos basados en la equidad. De ahí que el ejército israelí y la mentalidad de defensa implantada en la población sean uno de los pilares fundamentales que sostiene al estado de Israel. Y de ahí que una de las pocas voces que intentó aplicar la equidad en la política de Israel con los palestinos, el primer ministro Isaac Rabin, fuera asesinado por un ultranacionalista.

    Y como el estado de Israel transmite a los palestinos, con sus políticas (por llamarlas de algún modo), que las relaciones geopolíticas se rigen exclusivamente por la ley del más fuerte, despreciando la equidad, los palestinos toman nota y participan también en ese ciclo de la violencia, con menos recursos económicos y militares pero con un arma contra la que Israel no puede competir: su mayor índice de natalidad. De ahí la obsesión de Netanyahu y su gobierno por causar daño a niños y a mujeres, ya que ve en ellos esa futura arma contra la que no podrán competir y que solo se puede neutralizar de una dos maneras: la aniquilación total (sea a través del exterminio directo –las armas- o indirecto –el hambre y las enfermedades-) o a través de la expulsión y la deportación, para alejar la amenaza.

Volviendo al libro DERECHO DE NACIMIENTO, Crónicas de Israel y Palestina: como dicen en la web Refugio Latinoamericano, es un libro necesario. De esas necesidades de conocimiento que creemos satisfechas hasta que nos enfrentamos a la desesperación y el deseo de recomponer rompecabezas dispersos. Este libro es un llamado para recuperar y comprender la historia configurada por occidente desde otro lado, para combatir toda forma de supremacismo y para contribuir al entendimiento del conflicto Israel-Palestina y su culminación en el genocidio en curso.

El libro interpela de manera directa el concepto mismo de Derecho de nacimiento, desnudando su dimensión política y material. Camila Barón, su autora, cuestiona la idea de que exista un derecho automático y hereditario a la ciudadanía israelí por el solo hecho de contar con un familiar judío, incluso cuando esa persona haya nacido, crecido y construido su vida íntegramente en otro país. La autora problematiza el modo en que el vínculo sanguíneo habilita un acceso privilegiado a un Estado, a un territorio y a un conjunto de derechos, mientras a quienes habitan esa misma tierra desde generaciones se les niega la autodeterminación, la movilidad y la ciudadanía plena.

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